Como solución al grave problema del acoso callejero que las mujeres
padecemos todos los días en el transporte público, el gobierno de la CDMX,
encabezado por el mandatario Miguel Ángel Mancera, ha puesto a nuestra
disposición silbatos, sí chicas, podemos solicitar un pito y soplarlo en caso
de acoso. Sin vulgarizar el tema quedándonos en lo ofensivo que puede retomarse
desde el albur, la acción del gobierno que
demás de la absurda delimitación de género para la medida, muestra su pobrísima
comprensión del acoso que vivimos las mujeres en las calles.

¿Se cree que no se nos ha
ocurrido gritar o hacer ruido cuando alguien nos acosa para que el resto de la
gente reaccione? Pero si no reaccionamos, si no gritamos no deja de ser una
respuesta, es una respuesta ante la indiferencia de la gente, porque el policía
no nos creerá, y el proceso de denuncia es largo, sufrido, donde además nos
coloca como víctimas ahora de la violencia policía, e institucional. Las
mujeres acosadas nos encontramos frente a estos problemas estructurales, son
problemas que Mancera debería detener. La violencia institucional que nos
revicitimiza a las mujeres que hemos sufrido abuso físico y sexual, sería
elemento clave para crear políticas públicas, pero en lugar de eso se nos
reparten pitos en caso de macho acosador a la vista.
Entonces chicas, no desviemos
la vista, no nos dejemos distraer por estas medidas que parecieran más “cortina
de humo”, e incluso estrategias de manipulación por parte de nuestro gobierno
local, estrategias nada nuevas. Noam Chomsky, filósofo y lingüista estadounidense,
realiza todo un análisis muy interesante de cómo se ponen en práctica dichas
acciones que nos manipularán, no sólo por parte de los medios de comunicación,
estrategias que devienen de quienes nos gobiernan, de los que nos conocen mejor
de lo que nosotras mismas nos conocemos. Es indignante y en lo personal, me
retuerce la víscera esta acción del pito de Mancera, pero no distraigamos el
focus de lo que defendemos, defendemos una vida libre de violencia, no buscamos
se gaste el erario público en silbatos innecesarios para llamar la atención
ante una forma de violencia creciente, contra la mujer como es el acoso.
Siguiendo a Chomsky y las
estrategias de manipulación, dice que mantenernos distraídas del problema
preciso facilitará dicha manipulación. Se han creado problemas en cuanto al
acoso, e intentan darnos esta solución, no compremos dicha respuesta, sino como
ofensiva. Nos tratan como si fuésemos crías que no sabemos de lo qué es querer
defendernos, y darnos un silbato, es como un juguete para que podamos convivir
en un marco de civilidad ante el acosador. Tampoco permitamos que esta sea una
estrategia que nos desarticule y nos lleve a lo emocional, al enojo, tanto que
no pensemos que el punto nodal y de lucha es erradica la violencia contra que sufrimos,
que es estructural, sistémica. Chomsky señala que una estrategia más es
reforzarnos la autoculpabilidad, y tiene lógica en este caso en particular, las
mujeres al ser acosadas y/o abusadas, sentimos culpabilidad, por la forma en
que íbamos vestidas, culpa que nos intimida y al mismo tiempo nos cohíbe a
actuar, y ahora como si eso no fuera suficiente, el uso del silbato recae la
responsabilidad en nosotras, si no lo tocamos, doblemente culpables.

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